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Los antibióticos no pueden combatir las infecciones causadas por virus. Si los tomamos cuando sufrimos un catarro, una bronquitis, algunas infecciones de garganta y oído o la mayoría de los problemas de las vías respiratorias superiores, puede que, cuando realmente los necesitemos, no nos sirvan para nada.
Tengamos en cuenta, tanto para nosotros como para nuestros hijos, que utilizar antibióticos para tratar enfermedades que no pueden curar, como resfriados u otras infecciones virales, a la larga hará que dejen de ser eficaces contra las infecciones por bacterias, que es cuando realmente los necesitaremos.
La resistencia
Cuando los antibióticos ya no pueden curar las infecciones bacterianas se habla de "resistencia". La resistencia a los antibióticos representa una amenaza para las salud pública; de hecho, es uno de los problemas de salud pública más preocupantes en el mundo.
Hasta hace poco, los antibióticos eran una especie de panacea milagrosa contra enfermedades bacterianas, algunas de ellas mortales. Pero la creciente resistencia de las bacterias a estos medicamentos está empezando a ser altamente preocupante.
El uso inadecuado y frecuente de antibióticos origina bacterias que pueden resistir el tratamiento, de manera que se necesitan dosis más elevadas o antibióticos más fuertes. Los científicos detectan bacterias que son resistentes a algunos de los antibióticos más potentes.
Además de peligroso, costoso
La resistencia a los antibióticos es también una carga económica para el sistema de salud. El tratamiento de las infecciones resistentes cuesta más, requiere mayor atención médica y puede dejar secuelas.
Tomar antibióticos cuando no se necesitan no solo resulta ineficaz, sino que es contraproducente y da lugar a recurrir a los servicios de urgencias por los efectos secundarios que provocan, como alergias, diarreas, dolores abdominales...
Cómo funcionan los antibióticos
Los antibióticos son uno de los grandes avances de la medicina. Empezaron a utilizarse en los años cuarenta, pero su uso abusivo ha dado lugar al desarrollo de bacterias que no mueren con antibióticos que antes las fulminaban.
Las bacterias
Hay dos tipos principales de microorganismos que pueden causar enfermedades: las bacterias y los virus. Aunque ciertas bacterias y virus pueden causar enfermedades con síntomas similares, la forma de multiplicarse y transmitir la enfermedad es diferente en unos microorganismos y en otros.
Las bacterias son microorganismos vivos formados por una sola célula. Están por todas partes, y algunas son beneficiosas y otras dañinas. Muchas viven en nuestro organismo y tienen funciones vitales, como ayudarnos a digerir los alimentos; pero otras provocan enfermedades, bien cuando nos invaden o se multiplican descontroladamente. Los antibióticos son eficaces contra las bacterias, pues matan estos microorganismos e impiden que crezcan y se reproduzcan.
Los virus
Los virus no pueden existir por sí solos. Son partículas que contienen material genético envuelto en una cubierta proteica. Crecen y se reproducen después de invadir células. Algunos virus pueden ser rechazados por el sistema inmunológico antes de que provoquen una enfermedad, pero otros nos atacan y siguen su ciclo, como cuando sufrimos una gripe, un catarro… A los virus no les afectan los antibióticos.
¿Cómo saber si se necesitan antibióticos?
Hay que esperar. Afortunadamente para todos, los antibióticos ya no se venden sin receta médica. Así pues, cuando se presenten síntomas de enfermedad, tenemos que dejar que las infecciones leves sigan su curso. Si los síntomas persisten, el pediatra o el médico nos dirá si debemos tomar antibióticos o no. Si el origen del mal es un virus, no hay que presionar a nuestro médico para que nos recete antibióticos.
Cómo tomar los antibióticos
- Solamente cuando los prescriba un médico
- Hay que tomar los que recete el doctor o los genéricos, no otros
- Deben tomarse en la cantidad indicada
- Es importante hacerlo en las horas prescritas; es decir, no desayuno, comida y cena, sino cada 8 horas (por ejemplo, a las 8, las 16 y las 00 h) si esa es la pauta, porque así se mantiene la misma concentración en la sangre.
- No se debe abandonar el tratamiento antes del tiempo recomendado; si el médico dice 7 días, serán 7 y no 6 aunque ya nos sintamos bien. Si se deja de tomar el antibiótico antes de tiempo, las bacterias pueden reiniciar la infección y crear resistencia.
- No guardar los antibióticos sobrantes, porque no alcanzarán para un tratamiento completo.
¿Qué se puede hacer para evitar la resistencia a los antibióticos?
Muy simple: utilizarlos sólo cuando los prescriba el médico.
Además hay que evitar que las infecciones se propaguen:
- Lavarse las manos a menudo y siempre después de ir al baño, tocar animales, antes de comer... Enseñar a los niños a hacerlo las veces necesarias y en la forma correcta.
- Cumplir con los calendarios de vacunación en niños y adultos.
- No llevar a los niños al colegio cuando estén enfermos.
Consejos básicos
- No pidamos que nos receten antibióticos; nuestro médico sabrá si los precisamos o no.
- El pediatra sabe cuándo recetar antibióticos a nuestro hijo, no le presionemos ni creamos que es mal médico si no los prescribe. Algunos padres se enfadan si no receta nada a sus hijos; lejos de molestarse, deben pensar que, probablemente, les esté haciendo un gran favor.
- No tomemos antibióticos a la primera; esperemos la evolución de los síntomas para saber si se trata de una infección viral o bacteriana.
- No tomemos antibióticos recetados para otra persona.
- No tomemos antibióticos recetados en otra ocasión aunque pensemos que se trata de una enfermedad similar.
- La mayoría de la gente tarda 1 ó 2 días en mejorar. Seamos pacientes en el amplio sentido de la palabra.
- No prolonguemos el tratamiento con antibióticos más días de los prescritos.
Cómo tratar las infecciones respiratorias
Tomar antibióticos para combatir virus no sirve de nada: no curan, no evitan el contagio a otras personas, no alivian los síntomas y provocan efectos secundarios.
Los remedios para el dolor de garganta o de oídos, catarro, sinusitis, fiebre, gripe, tos, dolor de articulaciones, congestión o moqueo son:
- Descansar
- Tomar abundantes líquidos
- Combatir las molestias con analgésicos o antipiréticos como paracetamol, aspirina, ibuprofeno, aerosoles o pastillas para la irritación de garganta… El farmacéutico podrá aconsejarnos medicamentos para los que no es necesaria la receta médica.
- Hacer vahos
- Utilizar un humidificador
- Echarse agua con sal para descongestionar la nariz
- Aliviar el dolor de garganta con hielo picado
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