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Los niños de antes pasaban el sarampión sí o sí. Incluso era frecuente que los padres propiciaran que un pequeño afectado contagiara a sus hermanos con el fin de que ya lo pasaran "todos de una vez". A los 20 años, más del 90 por ciento de las personas habían sufrido la infección y tenían anticuerpos contra ella.
Pero con el descubrimiento de la vacuna y su posterior inclusión en el calendario de inmunizaciones, los casos empezaron a ser raros en los países desarrollados. Disminuyó en un 99% el número de afectados. Cuando se daba la enfermedad, era principalmente entre los lactantes aún sin vacunar y los adolescentes y adultos que solo habían recibido una dosis de vacuna.
No ocurrió lo mismo en los países pobres, con una cobertura mínima de vacunación y, como mucho, con la aplicación de una sola dosis.
En España
En nuestro país, el sarampión parecía erradicado en 2004, con solo dos casos. Luego las cifras subieron, pero se mantuvieron muy bajas debido a la alta tasa de inmunización. Por ejemplo, en España hubo 274 casos en 2010, frente a los más de 300.000 que se dieron en el año 1983.
Repunte en Europa
El sarampión ya es prácticamente inexistente en América desde 2002, aunque en Europa todavía se da. En Francia se han registrado cerca de 5.000 casos este año, han muerto 6 personas y alrededor de 300 han sufrido secuelas graves, como la neumonía, un efecto adverso que suele seguir al sarampión sobre todo cuando afecta a adultos.
También han aumentado las tasas de la enfermedad en Bélgica, Alemania y Reino Unido.
España sufre un repunte que ha podido surgir en un mundo global en el que todos nos movemos con facilidad de un lugar a otro, pero también como brote localizado en Sevilla, debido a personas que proceden de lugares con baja cobertura de vacunación. En concreto, se cree que comenzó en una zona marginal sevillana, con muchos niños sin vacunar.
Hay que vacunarse
La forma más eficaz de evitar el sarampión es la vacuna, la denominada triple vírica (que inmuniza contra el sarampión, la rubéola y la parotiditis o paperas). Se suministra a todos los niños a los 15 meses y, posteriormente, a los tres años. Se incluye en el calendario vacunal de todas las comunidades autónomas.
Para erradicar la enfermedad sería necesario que más del 95% de los niños fueran siempre vacunados, pero mientras que los bebés reciben mayoritariamente la primera dosis no ocurre así con la segunda: en Madrid el porcentaje baja al 83%; en Andalucía al 87%.
Los adultos menores de 40 años que no hayan pasado la enfermedad, también deberían solicitar a su médico la inmunización.
Cabe recordar que los padres reticentes a vacunar a sus hijos han creado importantes problemas de salud pública.
Adelantar la vacuna
La madre inmunizada transmite sus anticuerpos al bebé, con lo cual este quedaría inmunizado hasta los nueve meses, aproximadamente.
Pero como esto no es exacto, con el fin de evitar la enfermedad y sus consecuencias a los lactantes, Andalucía está adelantando la administración de la vacuna. Primero empezó a ponerla a los bebés de 12 meses y, dado que la medida no ha frenado el brote, ha decidido aplicarla a los 6 meses en varios municipios. Los padres están recibiendo comunicaciones personales sobre la necesidad de adelantar la vacuna de sus hijos.
Hay que tener en cuenta que los niños vacunados entre los 6 y 12 meses deberán recibir una segunda dosis de recuerdo a los 15 meses y una tercera a los 3 años, puesto que no se sabe si la primera dosis temprana se debe a los anticuerpos de la madre (en cuyo caso no quedaría inmunidad permanente) o a la vacuna.
La Consejería de Sanidad de la Comunidad de Madrid ha recomendado que se adelante la vacuna de la triple vírica a los 12 meses. En lo que va de año, se han registrado 63 casos en Madrid, frente a los 33 en todo 2010.
Las ventajas de la inmunización
La vacunación es altamente efectiva y supone un importante ahorro a la salud pública. Un estudio europeo afirma que el coste por paciente para tratar un sarampión está entre los 200 y los 400 euros aproximadamente, mientras que el coste de la vacunación no llega a un euro.
Además, el sarampión provocaba mortalidad antes de 2008, año en que comenzó a aplicarse la vacuna: entre 1975 y 1980 fallecieron 39 afectados, 36 de ellos menores de 15 años. Una vez que se generalizó la vacuna la mortalidad fue 0.
Los síntomas
El sarampión es una enfermedad vírica altamente contagiosa de declaración obligatoria (existen determinadas enfermedades que deben notificarse para su control por la Red Nacional de Vigilancia Epidemiológica).
Comienza con fiebre alta, faringitis, conjuntivitis, tos y unas manchas características, con el centro blanquecino, en el interior de la boca. Hacia el tercer día aparece una erupción que suele empezar en la cara y extenderse por todo el cuerpo. No dura menos de una semana y el afectado lo pasa mal, con fiebre de 39 o 40º. Lo peor es que el 15% de los que pasan la enfermedad sufren efectos secundarios graves. Las complicaciones más comunes son neumonía, otitis media, laringitis, encefalitis…
La enfermedad no es grave, pero puede provocar complicaciones en los lactantes y en los adultos; por el contrario, suele cursar benignamente en los niños. En los países pobres afecta principalmente a niños menores de cinco años. Según Unicef (Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia) provoca numerosas secuelas, como casos de ceguera, sordera y neumonía. La mortalidad por sarampión en países pobres se eleva a cifras de entre el 5 y el 10%.
El sarampión se contagia por el aire o por contacto directo con las personas afectadas. El periodo de contagio va desde los cuatro días antes de aparecer los primeros síntomas hasta, aproximadamente, cuatro días después de surgir la erupción.
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