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Beber en exceso ocasiona graves daños en el hígado, el cerebro y otros órganos; eso sin contar la cantidad de accidentes de circulación, laborales y domésticos que provoca el consumo de alcohol. Y también causa serios perjuicios a nuestra imagen, en forma de meteduras de pata y comportamientos ridículos que jamás nos permitiríamos en estado sobrio.
Hay momentos en los que uno debería controlar especialmente la cantidad de alcohol; como por ejemplo, cuando hay que conducir y en las celebraciones de la empresa, sobre todo si está el jefe presente. Para ello debemos tener en cuenta algunos...
Consejos básicos
Establecer un límite personal de consumo. Pensar de antemano cuánto somos capaces de beber sin perder el control (lo cual incluye no hacer el ridículo, no sentirse indispuesto, no arrepentirse al día siguiente…) o cuándo nos convendría parar para no dañar nuestra salud.
Fijar periodos sin beber, por ejemplo, días en los que no tomaremos nada de alcohol: podemos tomar algo el fin de semana, o sólo fuera de casa, o sólo acompañados...
Imponerse una restricción a rajatabla: podemos beber durante la cena, pero no en la comida, o al revés: tomaremos vino a mediodía pero cenaremos siempre con agua. Los primeros días puede que cueste, pero nos habituaremos pronto.
Beber despacio, como mínimo tardar una hora en tomar una copa.
Echar hielo o soda a la bebida para que se diluya y cunda más.
Entre una bebida y otra tomar agua, zumos…
Cuando queramos frenar, podemos prepararnos un vaso de agua, con o sin gas, con hielos y una rodajita de limón y tomarlo en pequeños sorbos. Eso, mientras conversamos, nos mantendrá en la idea de que bebemos, pero algo realmente saludable, y nos calmará la ansiedad.
No beber con el estómago vacío, acompañar siempre las bebidas alcohólicas con algún alimento, ya que el alcohol se absorbe más lentamente después de haber comido.
No conducir si hemos bebido: nos la jugamos. La ley es muy estricta al respecto, y los controles abundan, pero eso no es lo peor; lo grave sería tener o provocar un accidente. Si es posible, quedarnos a dormir fuera, tener un conductor designado previamente o llevar a mano el teléfono de una compañía de taxis.
Para los anfitriones
Ofrecer bebidas sin alcohol, como zumo de tomate, cervezas "sin", agua con gas, mosto, sodas… Incluso tener a mano un "champán" sin alcohol para brindis light.
No ser generosos, sólo hay que ofrecer una cantidad limitada de bebidas alcohólicas.
A partir de una determinada hora, se puede pasar a los cafés, infusiones, frutas preparadas… y no servir más alcohol.
Acompañar las bebidas de alimentos que reduzcan los efectos del alcohol, como queso, embutido, carnes…, platos ricos en proteínas y carbohidratos.
Para los muy aficionados
A algunas personas les cuesta decir no al alcohol. Quizá tengan un problema. Si es así, deberían hablar con su médico. Y también seguir estas recomendaciones:
Limitar el número de reuniones sociales donde haya alcohol.
Mantenerse alejado de personas que beben demasiado o que suelen presionar a los demás para beber.
Aprender a decir no.
Saber dejar una copa a medias. Si nos vemos obligados a brindar con cava, podemos dar un sorbito y luego dejarlo, no hay por qué apurar la copa.
Llevar una respuesta preparada para cuando nos insistan en que bebamos algo, tipo: "Lo siento, mi salud se está resintiendo y mi médico me ha pedido que no haga excepciones".
Tener pensadas alternativas a las copas: té frío, agua con gas, chicles…
Algunas marcas de cerveza sin alcohol están muy logradas. Probar hasta dar con la que más nos guste porque es una opción muy socorrida en reuniones sociales.
Compartir el problema con familiares y amigos para que nos apoyen a la hora de poner límites a la bebida.
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