|
El Día Mundial del Alzhéimer, 21 de septiembre, se pretende concienciar a la sociedad sobre este grave problema y hacer hincapié en la necesidad de "cuidar al cuidador", dada la exigencia de atención de los afectados.
El alzhéimer es una enfermedad neurodegenerativa irreversible cuya causa no se conoce. Cursa con una progresiva demencia, ataca al cerebro y produce un grave deterioro de las funciones cognitiva, conductual y funcional. Los afectados acaban por requerir un cuidador durante las 24 horas del día.
No es normal
El alzhéimer no está asociado al envejecimiento, pero sí es una enfermedad que normalmente se detecta en edad avanzada, aunque no se sabe muy bien cuándo empieza ni por qué. El 35% de los afectados tiene más de 85 años, pero el 18% son menores de 65. El número de enfermos diagnosticados está en 400.000 en España, pero se cree que hay otros 400.000 más que aún no saben que tienen la enfermedad, y que la prevalencia aumentará un 75% en 25 años.
No es una enfermedad contagiosa ni hereditaria, salvo en un pequeñísimo porcentaje de casos (2%).
Detectarlo a tiempo
Su detección temprana ayuda a ralentizar el proceso y a tener mejores condiciones de vida. Aunque no se conoce cura ni vacuna, sí es importante tratarlo; los médicos comparan el problema con un catarro: dura lo mismo con medicación que sin ella, pero cuando uno toma medicamentos puede aliviar la fiebre, la congestión nasal, los dolores musculares, la tos… Lo mismo ocurre con el alzhéimer: su tratamiento mejora la calidad de vida del paciente y de quienes están a su alrededor. Se calcula que la medicación puede retrasar la enfermedad un par de años.
Un problema familiar
AFAL, la Asociación para las familias con alzhéimer, dice que esta enfermedad "golpea el cerebro del enfermo y el corazón de la familia". El 80% de los enfermos son cuidados en sus hogares, por eso los médicos insisten en la importancia de atender a quienes se ocupan de los afectados. Cuidar de un familiar con alzhéimer es durísimo y urge facilitar ayuda física durante algunas horas al día para que el cuidador pueda "desconectar", darle cobertura sanitaria y apoyo psicológico, ya que a menudo sufre trastornos emocionales, como ansiedad, depresión, insomnio, anorexia…
Otra de las peticiones de los científicos es que se promueva la donación de cerebros, tanto enfermos como sanos, con el fin de investigar las consecuencias del alzhéimer y avanzar en sus soluciones.
Antes del diagnóstico
Generalmente, cuando el paciente acude al médico, bien por sí mismo o animado por su familia, hay una serie de indicios que suelen expresarse como:
- Rarezas.
- Torpeza para llevar a cabo las actividades cotidianas.
- Aturdimiento, confusión.
- Errores de repetición.
- Sentimientos de pérdida pero sin estar asociados a algo concreto.
- Cambios de carácter sin motivo aparente.
- Intento de disimular las pérdidas y olvidos con estrategias.
- Autoestima baja, angustia, tristeza, miedos sin concretar.
- Demanda de más cuidados y atención.
La fases de evolución
Cada enfermo es diferente, como también lo es su grado de afectación y la evolución de su enfermedad, pero, en general, se pueden definir tres fases durante el proceso.
- Fase I: afectación inicial o leve.
- Fase II: afectación intermedia o moderada.
- Fase III: terminal, final o grave.
Fase I
El paciente nota en sí mismo algunos cambios que le asustan y le desconciertan, tales como...
- Pérdida de memoria inmediata: olvida cosas que acaba de hacer, pero no del pasado lejano.
- Dificultad reiterada para recordar nombres de gente muy conocida, teléfonos que venía marcando normalmente, etc.
- Ligera desorientación en el tiempo y el espacio.
- Dificultad para aprender cosas nuevas.
- Desasosiego cuando debe adaptarse a algún cambio.
- Tendencia al aislamiento.
- Ligeras alteraciones en el lenguaje.
- Dificultad para encontrar la palabra que busca, empleo de frases cortas, utilización de genéricos, etc.
- Ligeras dificultades en la escritura, imprecisiones.
- Dificultad para el cálculo del dinero y las operaciones matemáticas sencillas.
- Merma en la destreza laboral.
- Dificultades para la ejecución de tareas automatizadas.
- Cambios de carácter.
- Alteraciones en el comportamiento.
Fase II
En la fase intermedia los síntomas se agudizan:
- Desorientación importante que lleva al paciente a perderse en sitios muy conocidos y habituales.
- Percepción equivocada del espacio y las distancias.
- Confusión temporal entre el día y la noche, la mañana y la tarde…
- Deterioro importante de la memoria.
- Incapacidad para aprender nuevas tareas.
- Empieza a no conocer a personas próximas o incluso a no reconocer la propia imagen en el espejo
- No reacciona ante acontecimientos importantes, como la muerte de un hijo.
- Tiene dificultades para realizar secuencias de acciones cotidianas y finalizarlas.
- Falta de control sobre gestos y movimientos.
- Vagabundeo.
- Empobrecimiento notable del lenguaje, reiteración, confusión, incoherencias...
- Dificultades importantes para la escritura y el dibujo.
- Conductas de riesgo.
- Agresividad.
- Agitación y nerviosismo.
- Terrores y fobias.
- Pérdida de actividad laboral.
- Hiperactividad.
- Desinhibición y descaro sexual, procacidad, "falta de educación".
- Alucinaciones, fantasías, invenciones...
- Alteración del patrón de sueño.
- Aparición de incontinencia.
Fase III
En la fase final la enfermedad se agrava al límite:
- Grave afectación del lenguaje y, en ocasiones, ausencia.
- Incapacidad total para la realización de las actividades cotidianas más elementales, incluidas las de su autocuidado.
- Desorientación temporal y espacial total.
- Incapacidad para reconocer el propio cuerpo.
- Incontinencia total.
- Pérdida absoluta de memoria.
- Graves trastornos del movimiento, el equilibrio y la marcha.
- Posibilidad de inmovilidad absoluta.
- Pérdida de reflejos, excepto los más primarios.
- Indiferencia emocional, aunque le agradan los cuidados, las caricias y el contacto físico.
- Desconexión total de mundo que le rodea.
|