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A estas conclusiones se llegó tras la valoración de 4.000 encuestas realizadas sobre la atención al final de la vida y las creencias religiosas a otros tantos médicos del sistema de salud británico entre 2007 y 2008. Entre los encuestados había representantes de un amplio espectro de especialidades médicas, principalmente neurólogos, médicos generales, médicos de salud pública y especialistas en geriatría y medicina paliativa.
Según el autor de este estudio, Clive Seale, profesor de Sociología Médica de la universidad Queen Mary de Londres, se pidió a cada médico que revelara sus creencias y antecedentes religiosos, etnia, opiniones sobre el uso de sedantes y punto de vista sobre el continuo debate legal sobre la muerte asistida. A cada uno también se le pidió que discutiera su experiencia personal con el paciente que hubiera muerto más recientemente bajo su cuidado.
Muerte asistida
Aunque la etnia no pareció tener mucho que ver con el proceso de toma de decisión sobre temas éticos, en general los médicos blancos son los menos propensos a declarar sus creencias religiosas, y los más contundentes a la hora de respaldar los cambios legales que permiten la participación de los médicos en ámbitos de muerte asistida.
Los médicos blancos que se declaran religiosos y concretamente cristianos son mayoritarios en las especialidades de cuidados paliativos para enfermos terminales y los más contrarios a acelerar la muerte del paciente. Los médicos asiáticos, hindúes y musulmanes, al parecer, tienen una mayor predisposición al cuidado paliativo de personas mayores que los blancos.
Sedación y aceleración de la muerte
Independientemente de la especialidad, los médicos que se describían a sí mismos como ateos o agnósticos son, según las encuestas realizadas, más propensos a incorporar sedantes en el tratamiento de los pacientes en la última fase del proceso terminal y duplican a los médicos religiosos en la toma de decisiones que hayan tenido como objetivo acelerar la muerte del paciente.
Los médicos con especialidades hospitalarias fueron diez veces más directos a la hora de afirmar que habían participado en alguna decisión de la que se esperase acelerar el final de la vida, en comparación con los médicos de atención paliativa. De hecho, ese último grupo se ha mostrado más indeciso a declarar su participación en decisiones de este tipo, independientemente de la religión.
Los médicos tienen sentimientos pero…
En el informe publicado por Sale en la revista Medical Ethics sugirió que “todos los médicos, sean religiosos o no, deben hacer un mayor esfuerzo por considerar cómo sus perspectivas personales podrían tener un impacto sobre las interacciones entre médico y paciente, y en el proceso general de toma de decisiones sobre el tratamiento”.
Por su parte, el presidente de la American Academy of Hospice and Palliative Medicine, y director del Centro Nacional de Investigación sobre Atención Paliativa, Sean Morrison, concurrió en la misma publicación que la perspectiva personal del médico tiene importancia. "Los médicos tienen sentimientos", planteó. "Los médicos tienen creencias. Y esos sentimientos y creencias pueden influir en algunos de los consejos que dan y las decisiones que toman. Pero la clave es no permitir que esos sentimientos y creencias guíen la atención, sino reconocer el momento en que se presentan y cómo podrían entrar en conflicto con los mejores intereses del paciente".
Calidad de muerte
Otro estudio, éste, realizado por el equipo de la doctora Anne Walling, de la University of California, habla de que se puede mejorar la atención paliativa al enfermo terminal en última fase, o lo que es lo mismo mejorar su calidad de muerte.
Para el estudio, se analizaron las historias clínicas de 496 adultos que habían sido hospitalizados por lo menos tres días antes de morir, y se evaluó la atención en el final de la vida según 13 indicadores de calidad en tres áreas: objetivos de la atención, evaluación y manejo del dolor y control de la disnea (problemas para respirar).
Sólo el 18 por ciento tenían testamento vital
Más de la mitad de los pacientes ingresaron con una enfermedad avanzada, un tercio pidió que se le quitara la ventilación mecánica antes de morir y el 15 por ciento murió mientras recibía respiración cardiopulmonar. En el 84 por ciento de los casos se ordenó no resucitar con reanimación cardiopulmonar asistida. Sólo el 18 por ciento de los pacientes habían dejado instrucciones sobre el proceso de su muerte o testamento vital.
Mejor la evaluación que el seguimiento paliativo
Según el informe, los pacientes terminales recibieron la atención recomendada en un 70 por ciento de los indicadores de calidad estudiados y los objetivos clínicos se cumplieron a tiempo en la mitad de los casos
El seguimiento de los síntomas más molestos no fue tan bueno como la su evaluación inicial. En este sentido, la evaluación del dolor fue la adecuada en el 94 por ciento de las veces y el tratamiento del mismo fue el recomendado en el 95 por ciento de los casos, pero respecto a la disnea, aunque su valoración inicial fue la adecuada en un 87 por ciento, sólo se le controló al 29 por ciento de los pacientes, a los que se les retiró la sonda del respirador antes de morir.
Mejorar la comunicación entre médicos y pacientes”
"Los resultados sugieren que siempre se puede mejorar la atención de los pacientes que están muriendo en el hospital", concluyen los investigadores de este informe. En su opinión hay que mejorar la comunicación entre los médicos y los pacientes o sus familiares al inicio de los tratamientos de cuidados intensivos.
En las historias clínicas estudiadas se detectó que mientras que los cuidadores seguían fielmente las preferencias documentadas sobre reanimación cardiopulmonar y alimentación por sonda, las conversaciones con los pacientes en terapia intensiva acerca de sus elecciones o del uso de ventilación mecánica sólo estaban registradas en la mitad de los casos.
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