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Según datos de la Organización Mundial de la Salud, las enfermedades diarreicas y el paludismo matan cada año a 3,1 millones de personas, siendo un 90 por ciento de esta macabra cifra niños menores de cinco años. Y se constata que el 88 por ciento de estas enfermedades son producto de un abastecimiento insalubre del agua y de un saneamiento e higiene deficientes.
La mala calidad del agua es la causa directa también de los 160 millones de casos que padecen esquistosomiasis, una enfermedad parasitaria que, aunque su tasa de mortalidad es baja, resulta altamente incapacitante debido a las fiebres con que se manifiesta, y de los 133 millones de personas que padecen graves infecciones debidas a helmintos intestinales (otra de las familias parasitarias más frecuentes), que a menudo tienen consecuencias graves como alteraciones cognitivas, disentería importante o anemia. La Hepatitis A clínica afecta cada año a 1,5 millones de personas.
Arsénico y fluorosis
La presencia de componentes nocivos como el arsénico y el flúor en el agua de consumo de Bangladesh y China respectivamente originan graves efectos sobre la salud. En Bangladesh, entre 28 y 35 millones de personas consumen agua con elevados índices de arsénico, lo que produce 1,5 millones de casos de lesiones cutáneas relacionadas con elemento natural. En el caso de China, más de 26 millones de personas padecen fluorosis dental debido a las altas concentraciones de fluoruro en el agua de consumo humano y más de 1 millón de casos de fluorosis ósea.
2.500 expertos debatirán sobre la calidad del agua
Este año, la “Semana mundial del agua”, evento anual organizado por el Instituto Internacional del Agua de Estocolmo, tendrá como tema "Responder a los cambios globales", y reunirá a más de 2.500 expertos, profesionales, autoridades y empresarios innovadores de todo el mundo que intercambiarán ideas, fomentarán nuevas concepciones y harán un seguimiento de políticas y prácticas que permitan lograr un mundo más saludable.
Estrategias y soluciones
La OMS organizará un taller clave sobre “Calidad del agua y salud humana”, en el que se abordarán cuestiones relacionadas con la calidad del agua desde una perspectiva sistémica, con miras a la protección y la promoción de la salud. Se hará hincapié en las estrategias y soluciones para resolver eficazmente las amenazas para la salud derivadas de las aguas residuales y las fuentes de agua contaminadas.
También participará en la organización de otros eventos que destacarán el valor de los planes sobre la salubridad del agua, el acercamiento a la meta temporal de los “Objetivos de desarrollo del milenio”, y la monitorización de la calidad del agua y del acceso al agua y al saneamiento.
Los objetivos del milenio
Los “Objetivos de desarrollo del milenio”, declarados por la ONU en 2002 y que tienen como meta 2015”, representan las necesidades humanas y los derechos básicos que todos los individuos del planeta deberían poder disfrutar como la ausencia de hambre y pobreza extrema; educación de buena calidad, empleo productivo y decente, buena salud y vivienda; el derecho de las mujeres a dar a luz sin correr peligro de muerte y, por supuesto, el acceso al agua potable. En este sentido, la ONU se marcó como meta reducir a la mitad, para el año 2015, el porcentaje de personas sin acceso al agua potable y a servicios básicos de saneamiento.
Por buen camino… pero insuficiente
Y aunque el informe 2010 de la ONU dice que el mundo está en camino de cumplir con la meta sobre agua potable –se calcula que el 86 por ciento de la población de las regiones en vías de desarrollo tendrá acceso a mejores fuentes de agua potable –, 1.000 millones de personas seguirán sin acceso a ella, y será difícil alcanzar el objetivo de saneamiento básico que establece reducir a la mitad las carencias en este capítulo en 2015. Además, los “Objetivos del milenio” no son el final del reto que plantea el saneamiento. Incluso si el objetivo se lograra, aproximadamente 1.700 millones de personas seguirán sin tener acceso a instalaciones de saneamiento mejoradas.
El informe 2010 añade que un total de 2.600 millones de personas, es decir, el 39 por ciento de la población del mundo vive sin acceso a saneamiento mejorado, la gran mayoría en Asia y el África subsahariana. Y un total de 751 millones de personas comparten sus instalaciones de saneamiento con otras familias o sólo usan instalaciones públicas.
La defecación al aire libre sigue siendo un probema grave
En cuanto a la defecación al aire libre se ha registrado un apreciable descenso mundial. El porcentaje de la población del mundo que práctica la defecación al aire libre ha disminuido en más de un tercio desde el 25 por ciento registrado en 1990 hasta el 17 por ciento de 2008. Sin embargo, aproximadamente 1.100 millones de personas todavía hacen sus necesidades al aire libre. Diez países (la India, Indonesia, China, Etiopía, Paquistán, Nigeria, Sudán, Nepal, Brasil y Niger) albergan al 81 por ciento de ellos.
Financiación y educación
El problema del desfase entre la evolución positiva del acceso al agua potable y la lentitud de las mejoras en los saneamientos está básicamente en la financiación, ya que recibe un 37 por ciento del montante global de las inversiones en canalización de agua potable y obras de mejora de saneamientos. Por otra parte, la educación en higiene y saneamiento es difícil de establecer como prioridad debido a la carencia de identificación clara de funciones, lo que causa que se englobe al saneamiento con los servicios de agua potable y facilite la percepción en algunos países de que el saneamiento es principalmente una cuestión doméstica.
Según datos de ONU, el saneamiento y el agua potable han tenido históricamente un puesto bajo en la jerarquía de prioridades en comparación con otros sectores sociales. Los compromisos humanitarios para el agua y saneamiento comprendieron 7.400 millones de dólares, es decir, el 5 por ciento de la ayuda al desarrollo registrada en 2008, muy inferiores respecto de otros compromisos para los sectores sociales que incluyen la salud y la educación, y por debajo que aquellos para el gobierno y la sociedad civil, transporte y almacenaje, energía y agricultura.
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