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Los problemas en los pies son una causa muy frecuente de sufrimiento. Afectan a un 70% de la población, en su mayoría mujeres. Además de provocar molestias y dolor, son un factor muy limitante en la autonomía personal.
Existen más de 300 enfermedades documentadas de los pies. Algunas se deben a factores hereditarios, otras a falta de cuidados y la mayoría a la utilización de un calzado inadecuado. Mucha gente que sufre de los pies cree que no tiene arreglo, se limitan a tomar analgésicos, darse baños y quitarse los zapatos en cuanto tienen ocasión. Sin embargo, la mayoría de los problemas pueden solucionarse.
Los problemas más comunes
Juanetes (hallux valgus). Son prominencias óseas que se encuentran, generalmente, en la base del dedo gordo, en la articulación, y hacen que este dedo se incline hacia los demás, causando deformaciones dolorosas. Ocurre por causas hereditarias o por utilizar calzado estrecho y de tacón alto. Es aconsejable usar zapatos de horma ancha, muy flexibles y con un tacón no superior a 3 cm. Siempre que sea posible, conviene llevar zapatillas deportivas o sandalias. La cirugía puede corregir estas deformidades y aliviar el dolor.
Dedos flexionados. Se conocen también como dedos en martillo, en garra o en mazo. La deformación en las articulaciones de los dedos medios se produce por usar zapatos estrechos. A menudo se forman callos en los puntos donde roza el zapato. Si no se alivia con almohadillas y calzado flexible, hay que recurrir a la cirugía. Algunos pacientes no requieren ningún tratamiento, y otros se sienten mejor con zapatos más amplios y apósitos tipo parches o almohadillas.
Callos. Se desarrollan en los sitios en donde el calzado produce roce y fricción. Los parches y almohadillas de las farmacias pueden aliviarlos. También las sustancias que disuelven la callosidad, incluso las limas y otros utensilios, pero lo más indicado es acudir al podólogo.
Uñas encarnadas. Se producen cuando la uña crece metiéndose en la piel. Hay que consultar con el especialista para que resuelva el problema. Para prevenirlo, debemos cortar siempre las uñas rectas con el fin de que los extremos no se metan en la carne, y no llevar zapatos muy ajustados.
Uñas con hongos. Las alteraciones de color, rugosidad, descamación… pueden indicar la existencia de hongos. Hay que acudir al médico quien, probablemente, pedirá el análisis de una muestra y prescribirá la medicación adecuada.
Verrugas y papilomas. Son excrecencias que suelen aparecer en la planta del pie. Siempre hay que consultar al médico para que aplique el tratamiento más oportuno: crioterapia, cirugía, productos químicos... A menudo aparecen por contagios en gimnasios y piscinas, por lo que es importante llevar sandalias de goma en todo momento, incluso en las duchas.
Dolores. El dolor del arco o del talón puede deberse a muchas causas. El médico verá si es necesario fabricar alguna plantilla específica. El sobrepeso también puede provocarlo o agudizarlo.
Prevenir es lo más importante
- Examinar los pies con regularidad para detectar cualquier cambio o alteración en la piel, las uñas…
- Mantener su higiene: lavarlos y secarlos bien, especialmente entre los dedos, antes de calzarse.
- Cortar las uñas una vez a la semana, de forma recta, limar las asperezas y proteger los callos.
- Utilizar parches, protecciones, etc. para aliviar las zonas presionadas, enrojecidas o dañadas por los zapatos.
- Usar plantillas que amortigüen la pisada si se considera necesario.
- Cambiarse a menudo de zapatos, no llevar más de tres días seguidos el mismo calzado.
- Usar siempre chanclas en los lugares públicos, como piscinas y duchas de los gimnasios, para evitar infecciones por hongos.
- Antes de hacer una marcha o una excursión, asegurarnos de llevar unas botas que hayamos probado y sepamos que son cómodas.
- Cuando pasemos mucho tiempo de pie, o de compras, compensar el cansancio con duchas alternas de agua fría y caliente y poniendo los pies en alto.
- Aprovechar para andar descalzos cuando sea posible, y especialmente por la arena de la playa, que tiene un efecto exfoliante; ir por la orilla donde el agua pueda masajear los pies.
- Caminar a diario con un calzado cómodo, preferiblemente por el campo en vez de por el asfalto, ya que las superficies irregulares activan todos los músculos y huesos del pie.
- Los zapatos de tacón alto son nocivos, causan muchos problemas ortopédicos, como juanetes, deformaciones de los dedos, los tobillos, las rodillas, las caderas y la espalda. Distribuyen el peso del cuerpo de manera anormal, cargando especialmente en la parte delantera de la planta y los dedos. Lo ideal es que el tacón no supere los 5 cm como mucho, y mejor si son 3 cm.
- Los zapatos deben ser cómodos y flexibles, que se adapten a la forma del pie y no al revés, con una horma ancha que permita mover los dedos y asentar bien la planta.
- Si tenemos que utilizar un calzado incómodo para un acto social, hay que llevar otro par más en el bolso para cambiarse en cuanto sea posible.
- Es muy importante utilizar el zapato apropiado para cada actividad.
- Las personas que trabajan en fábricas o industrias con peligro de golpearse deben usar zapatos y botas de seguridad, impermeables o resistentes al agua, con punteras reforzadas, suelas de material aislante, etc. que eviten los riesgos ante los accidentes.
- Consultar con el médico o el podólogo cualquier problema, no dejarlo pasar.
Cómo elegir el calzado
La función de los zapatos debería ser proteger los pies, pero a menudo hacen todo lo contrario. Un calzado inadecuado puede provocar importantes lesiones, dolores, deformaciones y problemas temporales o crónicos.
- Elegir zapatos cómodos y flexibles, que se adapten a la forma del pie y no al revés.
- Si nos molesta un zapato no debemos pensar que ya se adaptará, porque eso tiene un coste: dolor, heridas, ampollas, callos o deformaciones de por vida. El calzado tiene que ser cómodo inmediatamente, desde el primer día.
- Tenemos que probarnos los zapatos de pie, no sentados. El pie se ensancha al soportar el peso y es así como podremos valorar si nos aprieta en algún sitio.
- Hay que probarse en los dos pies, porque nunca son exactamente iguales. En caso de mucha diferencia, comprar los del número más grande.
- Debemos caminar un poco con los zapatos antes de decidirnos a comprarlos, para ver cómo se flexionan y cómo nos permiten dar el paso.
- Es mejor comprar a última hora del día, cuando los pies pueden estar más hinchados y ensanchados.
- Si los zapatos quedan demasiado holgados, también pueden provocar rozaduras y ampollas.
- Vigilemos que queden bien no sólo por delante, también en el talón y el empeine, y que permitan el libre movimiento de los dedos.
- El material no debe ser rígido, la plantilla ha de tener un acolchamiento adecuado y la suela será flexible.
- No hay que fiarse del número de toda la vida. Los pies crecen, se ensanchan y cambian a lo largo de los años, por el sobrepeso, el envejecimiento…; las hormas de los fabricantes también varían.
- Para ir a comprar zapatos hay que llevar el mismo tipo de calcetín o media que solemos llevar habitualmente o que esperamos usar con ese tipo de calzado.
- Si llevamos algún elemento ortopédico, como una plantilla, debemos probarnos con ella.
- Cuanto más suave sea la suela, mejor absorberá los golpes
- Cuanto más alto sea el tacón, mayor será la presión anormal sobre la parte delantera del pie.
Calzado deportivo
Cada actividad deportiva requiere un calzado específico que proteja los pies y los tobillos. No es lo mismo hacer senderismo que aeróbic, ni jugar al fútbol que al tenis. Tampoco es que sea necesario comprarse unas zapatillas para cada actividad, pero sí pedir consejo en nuestra tienda de deportes porque lo que nos interesa es estar cómodos, protegidos y a salvo de lesiones.
La talla
Algunas mujeres creen que tener un pie grande puede resultar antiestético. Sería bueno que pensaran que ningún hombre suele acomplejarse por el tamaño de su pie y que a ninguno se le ocurriría usar un número de menos para encontrarse más atractivo. La longitud del pie es la que es, no se puede cambiar, así que mejor aceptarlo sin acomplejarse.
Existen algunos trucos ópticos que permiten que se note menos que usamos un 42, como, por ejemplo:
- Utilizar hormas redondeadas mejor que alargadas o cuadradas. Los zapatos tipo “bailarinas” son perfectos.
- Elegir colores oscuros o del mismo tono que la piel o la media.
- Huir del tacón alto y fino, que da sensación de mayor longitud en el pie.
- Si el tobillo es estrecho, el pie parecerá más largo, para evitarlo, podemos hacer que parezca más grueso mediante medias con color o dibujo y con zapatos de pulsera o abrochados al tobillo.
- El calzado no debe ser excesivamente escotado, ni cerrado; un término medio disimula la longitud del pie.
- Usar pantalón ancho que tape el pie.
- Llevar botas anchas en el tobillo.
Todo menos utilizar un número menos.
Pies hinchados
Puede deberse al excesivo calor, a estar demasiadas horas de pie, a una retención de líquidos, a un calzado inadecuado… Cuando el problema se observa durante varios días hay que consultar con el médico. Si es ocasional podemos…
- Sumergirlos en agua templada con sal.
- Ponerlos en alto.
- Darnos duchas alternas de agua fría y caliente, lo que estimula la circulación sanguínea.
- Friccionarlos con alcohol de romero.
Evitar el sudor
Los pies deben mantenerse secos, porque el sudor facilita el crecimiento de hongos y bacterias. Para ello hay que utilizar un calzado adecuado a la época del año que vivimos o a la temperatura y ejercicio a la que vamos a someterlos.
- Usar sandalias, suelas porosas, zuecos y zapatos abiertos cuando haga calor.
- Recurrir a materiales que transpiren.
- Huir de las medias de nailon si es posible; es preferible usar calcetines de algodón o lana.
- Colocar plantillas absorbentes cuando sea necesario y, especialmente, cuando usemos medias o calcetines de fibras artificiales.
- Recurrir a los productos de farmacia, como sales y pastillas para disolver en el agua o aerosoles con el fin de evitar el sudor, las bacterias y el mal olor.
El envejecimiento
La esperanza de vida es hoy muy elevada, por lo que resulta más importante que nunca empezar a cuidar los pies desde muy temprana edad. El fin es mantenerlos en las mejores condiciones, durante el mayor tiempo posible y que no se limite la movilidad en los últimos años. Para vivir una vida satisfactoria es prioritario que las personas mayores puedan desplazarse por sí mismas, y los problemas de los pies hacen difícil o imposible participar en cualquier actividad social y ser independientes.
Pero además, los problemas en los pies ocasionan a menudo dolores en las rodillas, las caderas y la espalda que limitan también la movilidad.
Con los años, los pies tienden a ensancharse y abrirse, las almohadillas de grasa que acolchan la planta del pie van reduciéndose. La sequedad en la piel, las grietas y las uñas frágiles son muy habituales en las personas mayores.
Es conveniente comentar con el médico o el podólogo cualquier problema o variación, porque la piel seca, las uñas frágiles, las sensaciones de quemazón, el cosquilleo, el entumecimiento, etc. también pueden ser indicios de enfermedades como la diabetes, la artritis y los trastornos circulatorios.
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