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Un reciente estudio oncológico, dirigido por Karen Mustian, profesora asistente de oncología del Centro Médico de la Universidad de Rochester en Nueva York, afirma que el yoga ayuda a mejorar el sueño de estos pacientes.
Los autores del estudio contaron con 410 personas que habían finalizado el tratamiento de quimioterapia entre dos y 24 meses anteriores al inicio del estudio, y que seguían informando sobre molestias del sueño superiores al promedio. Casi todos los participantes eran mujeres, con una edad promedio de 54 años, y tres cuartas partes habían sufrido de cáncer de mama sin metástasis. Ninguno había hecho yoga en los tres meses anteriores.
Resultados a tener en cuenta
El cincuenta por ciento de estas personas, elegidas al azar, recibieron dos sesiones de yoga semanales de 75 minutos durante cuatro semanas. Al cincuenta por ciento restante se les hizo un seguimiento de control habitual de recuperados de cáncer. Tras este periodo de seguimiento los resultados arrojaron las siguientes estadísticas:
- La mejora en la calidad del sueño de los pacientes que participaron en la terapia de yoga fue del 22 por ciento, frente al 12 por ciento del grupo de control que no la habían seguido.
- El 31 por ciento de los participantes del grupo de yoga que habían comenzado con una calidad de sueño clínicamente alterada se recuperaron, frente al apenas 16 por ciento del grupo de control.
- En el grupo de yoga, la fatiga descendió en un 42 por ciento, frente a solo el 12 por ciento del grupo de control.
- El 20 por ciento de los participantes de yoga observaron una reducción en la somnolencia , muy por encima del 5 por ciento del el grupo de atención usual.
- En promedio, la calidad de vida mejoró en un 6 por ciento en el grupo de yoga y no mejoró nada en el otro grupo.
- El grupo de yoga pudo reducir la dosis de medicamentos somníferos, mientras que las personas del grupo de control usaron más fármacos contra el insomnio.
Respiración consciente
Para el estudio se usó el “Hatha yoga”, un tipo de yoga conocido por su práctica de “asanas” o posturas corporales, que aportan a los músculos firmeza y elasticidad, con el propósito de lograr que el cuerpo esté apto para la meditación. Según la autora del estudio, "Los componentes de cada clase incluían posturas tanto de pie como sedentes o supinas (tumbados boca arriba), y ejercicios de respiración pranayama”, una técnica que busca controlar la respiración a través del diafragma, en lugar del pecho, convirtiéndola en un acto reflexivo y consciente. “A partir de esta respiración visualizada se puede pasar al estado óptimo de la meditación guiada”, según explicó la directora del estudio en la presentación del informe de conclusiones.
Yoga en casa
Al margen de estos resultados específicos en pacientes tratados contra el cáncer, los expertos en yoga y problemas de sueño recomiendan programas específicos para aquellas personas que atraviesan momentos puntuales de irregularidad en el sueño. La disciplina es la misma: un programa de “asanas” relajantes y un tiempo de meditación sencilla pueden ser suficientes para relajar la mente e inducir el sueño.
Aunque lo ideal es seguir la terapia con un maestro de yoga o acudiendo a alguno de los centros wellness que ofertan la mayoría de las aseguradoras médicas, también se puede practicar un “yoga casero” para llevar al cerebro hacia un sueño reparador. Al principio costará, pero en poco tiempo el yoga se convertirá en una rutina placentera. Estos son los pasos básicos:
- Primera “asana”: Sentados con las piernas cruzadas sobre varias mantas dobladas frente a una silla, pondremos otra manta sobre el asiento de ésta y apoyaremos la cabeza con los brazos estirados sin tensión hacia las caderas, permaneciendo 5 minutos en esa postura.
- Segunda “asana”: De nuevo sobre unas mantas dobladas, nos tumbamos con las piernas estiradas apoyadas en la pared. El coxis debe sobresalir por el borde de las mantas. Hay que intentar relajarse en esta postura y mantenerla entre 10 y 20 minutos.
- Tercera “asana”: Antes de ir a la cama, nos sentaremos en el suelo con las piernas cruzadas y la pelvis elevada sobre una o dos mantas dobladas. Apoyando la espalda en la pared, estiraremos la columna procurando relajar los hombros. Es el momento de intentar que los pensamientos fluyan libres y ver cómo se desvanecen. No hay que intentar eliminarlos, aunque sean negativos, simplemente dejarlos fluir hasta que la mente quede en blanco y podamos disfrutar del sonido y ritmo de nuestra propia respiración.
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