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Debido al aumento de la esperanza de vida y a la disminución de nacimientos, la proporción de personas mayores de 60 años está aumentando más rápidamente que cualquier otro grupo de edad en casi todos los países. Según datos de la Organización Mundial de la Salud, la población mundial de 60 años o más es de 650 millones, y se estima que en 2050 alcanzará los 2.000 millones.
España, la más vieja
Para España, la situación es aún más complicada, según el último informe de la Comisión Europea sobre envejecimiento de la población en la UE. Según dicho informe, España es uno de los países donde la baja tasa de natalidad, el aumento de la esperanza de vida y la caída de los flujos migratorios, amén de las consecuencias de la actual crisis económica, pondrán en riesgo la sostenibilidad del llamado estado del bienestar. El ratio de dependencia, que ahora se sitúa en el 24,1 por ciento, podría dispararse hasta el 58,7 por ciento en 2050. Y hasta el 79 por en 2060.
Las cifras son aún más alarmantes si se toma en cuenta la dependencia económica total, es decir, la que incluye a toda la población inactiva y no sólo a los jubilados. En ese caso, la dependencia podría llegar hasta el 145 por ciento en 2060.
Y, aunque el envejecimiento de la población puede considerarse un éxito de las políticas de salud pública y el desarrollo socioeconómico, también constituye un reto para la sociedad, los sistemas sanitarios y las aseguradoras, que deberán adaptarse a ello para mejorar al máximo la calidad de vida de las personas mayores, así como su seguridad y participación social.
El gran reto de las aseguradoras
También según la OMS, en 2050, cerca del 80 por ciento de las muertes corresponderán a personas mayores de 60 años. Si tenemos en cuenta que el gasto sanitario aumenta con la edad y se concentra en el último año de vida, hay que plantearse que cuanto más tarde muera una personas, menores serán los costos concentrados en ese periodo. El aplazamiento de la edad de la muerte gracias a un envejecimiento saludable y a políticas apropiadas para el final de la vida podría proporcionar grandes ahorros en materia de atención sanitaria a las aseguradoras médicas, que se enfrentan al hecho ineludible de dar cobertura mayoritaria a personas de este tramo de edad.
Las actividades de promoción de la salud y prevención de las enfermedades a lo largo de toda la vida pueden evitar o retrasar la aparición de enfermedades no transmisibles y crónicas, como las cardiopatías, los accidentes vasculares cerebrales y el cáncer.
Y, para promover la salud, prevenir la enfermedad y tratar las enfermedades crónicas en personas mayores es fundamental una atención sanitaria eficaz a las personas mayores. La OMS sostiene que todos los prestadores de atención sanitaria deben poseer formación geriátrica, independientemente de cuál sea su especialidad.
Respuestas integrales
Las soluciones no se están haciendo esperar en el sector de seguros médicos. Mapfre Quavitae, por ejemplo, nació precisamente como respuesta a esta realidad del envejecimiento demográfico, creando un servicio integral de atención a las personas mayores, en el que se incluye la creación y gestión de centros residenciales, centros de día, servicio de teleasistencia y ayuda a domicilio y un conjunto de actuaciones sociales, culturales y educativas encaminadas a mejorar el bienestar de los mayores. Campañas como la de prevención de riesgos domésticos o la de fomento de hábitos saludables, e iniciativas como el concurso de arte gráfico “Las huellas del tiempo”, que ya ha celebrado cuatro ediciones, ayudan a mejorar la calidad de vida de los mayores a través de la información, la formación y la participación.
Hábitos saludables
La “Guía de fomento de hábitos saludables para mayores” se enmarca dentro de la campaña de concienciación de Mapfre Quavitae, en la que se abordan aspectos como el cuidado del cuerpo, la memoria, el ejercicio físico, la comida sana, el calor y el frío, la soledad o las caídas. El objetivo principal de esta publicación, que se edita en colaboración con los diferentes municipios de España, y va acompañada de actividades interactivas que se imparten en centros residenciales y de día, es hacer llegar a las personas mayores aquellas actitudes, habilidades y conocimientos que favorezcan un envejecimiento pleno y activo.
Aprender a envejecer desde jóvenes
No hay que esperar a que los años llamen a la puerta. La mejor garantía de una vejez saludable es prepararse desde niños y recibir una asistencia médica preventiva que evite riesgos de enfermedades crónicas o retrase su aparición. Alimentación equilibrada y ejercicio físico y mental son los pilares básicos, con algunos matices cuando el paso de los años es una realidad:
- Cuidar la alimentación. Comer frutas, verduras, legumbres, más pescado que carne y pocas grasas, varias veces al día y en pequeñas cantidades. Es importante evitar la desnutrición, porque los mayores van perdiendo el sentido del gusto y el apetito. También hay que tener cuidado con la deshidratación, ya que con la edad se tiene menos sensación de sed y menos desgaste físico que invite a beber.
- Ejercicio físico. En su justa medida y adecuado a cada caso, el ejercicio fortalece el corazón y los pulmones, refuerza el sistema cardiovascular, aumenta la flexibilidad, frena el apetito, reduce el estrés y la ansiedad, ayuda a dormir mejor, mejora el estado de alerta mental y crea sensación de bienestar.
- Entrenar la mente. Sentarse a ver la televisión es una tentación, pero es la actividad que menos ejercita la mente y además reduce las relaciones sociales y los beneficios neurológicos que conllevan. Aumentar las relaciones sociales, leer, escribir, hacer crucigramas, jugar a videojuegos, ir al cine o al teatro, o practicar aficiones que impliquen un esfuerzo psicomotriz mantendrán la mente sana y despierta.
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