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La inmensa mayoría de las personas se sienten mejor bronceadas que pálidas y están deseando ponerse morenas, sobre todo cuando llega el verano. Pero los médicos advierten cada temporada de que el cáncer de piel continúa extendiéndose y que es importantísimo protegerse frente al sol.
La incidencia del melanoma es de un caso por cada 10.000 habitantes, y el número de nuevos diagnósticos aumenta cada año el siete por ciento. Cada dos años se duplica la cifra de afectados. Ahora mismo, en España hay 3.200 personas que lo padecen de forma superficial y 1.200 en un estadio avanzado.
Los dermatólogos muestran su preocupación debido a que las campañas de concienciación no han permitido reducir su incidencia, aunque sí están ayudando a una detección temprana, de manera que el cáncer se diagnostica antes aunque afecte a más personas. Conviene recordar que es uno de los más agresivos y con peor pronóstico.
El cáncer de piel es muy raro entre los niños, hay muy pocos casos, pero los hay. Los datos dicen que su incidencia empieza a aumentar en edades más bajas. Hasta ahora se daba sobre todo en personas de más de 50 años, pero eso está cambiando y ya se ven jóvenes afectados, incluso adolescentes.
Por qué nos bronceamos
Los rayos del sol emiten dos tipos de radiaciones ultravioleta: UVA y UVB. La primera es la que hace que nos bronceemos, penetrando en las capas inferiores de la piel y estimulando unas células llamadas melanocitos, que producen melanina, o sea, la pigmentación que nos hace estar morenos o bronceados.
Los rayos UVB son los que queman la capa externa de la piel, la epidermis, provocando quemaduras.
Las personas de piel clara producen menos melanina que las personas de piel oscura. Hay individuos morenos que no se queman, pero eso no significa que el sol no les perjudique ni que no corran riesgo de padecer cáncer de piel.
Los rayos UVA no nos queman, pero penetran en las capas profundas de la piel, esto es, pueden atravesar la capa protectora, la epidermis, y llegar a la dermis, dañando el sistema inmunológico y ocasionando el melanoma, que se esparce a otros órganos.
Un factor de riesgo para el melanoma es la quemadura solar: cuando la piel se enrojece, escuece y salen ampollas; y este riesgo es mayor cuando las quemaduras se producen en edades más tempranas.
Los rayos UVB también incrementan la posibilidad de padecer otros tipos de cáncer de piel además del melanoma. La exposición al sol también causa envejecimiento y problemas de la vista.
Poco a poco y sin riesgos
Aunque uno no tenga muchos días de vacaciones, resulta preferible tomárselo con calma. No pretendamos ponernos negros en una semana. Hay que ir muy poco a poco. Un ligero colorcito será preferible a correr riesgos.
Es importante protegerse del sol no solo cuando vayamos a tomarlo, sino también cuando realicemos actividades al aire libre, como pasear, jugar al tenis, sentarnos en una terraza…
Hay que utilizar cremas con filtros solares para rayos UVA y UVB, nunca inferiores al factor de protección 15 o más, según el tipo de piel.
Los niños, las personas muy blancas o quienes tienen problemas previos de piel, pueden utilizar bloqueadores solares, siempre hipoalergénicos.
Debemos aplicar las cremas generosamente.
Conviene repetir las aplicaciones cada hora y media o dos horas. Hay que tener en cuenta que, aunque ya no nos quememos, la mayoría de los productos para el sol son más eficaces contra los rayos UVB que contra los UVA, por lo que el daño interno se produce aunque no apreciemos efectos externos.
No permanezcamos mucho tiempo al sol; conviene hacer descansos a la sombra.
Es preferible no tumbarse quietos, sino moverse, hacer ejercicio, pasear... siempre con protección solar.
Hay que utilizar sombreros, preferiblemente de ala ancha, y gafas de sol que protejan de los rayos UVA.
El agua, la arena, las superficies claras reflejan los rayos de sol, así que habrá que intensificar la protección al lado del mar.
La nieve también es reflectora del sol; de manera que es importante protegerse si estamos en la montaña, incluso en días nublados, porque las radiaciones atraviesan las nubes.
Ciertos medicamentos pueden provocar sensibilidad al sol; conviene preguntar al médico.
Los rayos UVA
Los médicos señalan que que tomar más de 100 sesiones de rayos UVA, de 5 o 10 minutos cada una, a lo largo de toda la vida es un riesgo adicional para desarrollar un melanoma. No hay que exponerse en una cabina de bronceado.
La creencia de que tomar rayos UVA prepara la piel para recibir los primeros rayos de sol del verano con menor riesgo es errónea.
El bronceado es una reacción defensiva de nuestra piel para protegerse y evitar el daño solar, pero la manera de conseguir un color dorado no es en una cabina ni tumbándose al sol, sino muy poco a poco, con una crema protectora de alto factor de protección frente a rayos UVA y UVB.
Las lociones autobronceadoras son seguras, pero no hay que olvidar echarse protección cuando estemos al sol aunque ya tengamos color moreno.
La mayoría de los expertos consideran que no está suficientemente demostrada la inocuidad de las pastillas para potenciar el bronceado.
Para niños
Su piel es muy delicada y propensa a padecer alergias, su sistema de pigmentación es aún inmaduro. Por eso durante la infancia los daños solares son más graves. Además, los efectos de la exposición al sol resultan acumulativos; es decir, nuestra piel tiene memoria de lo que ha sufrido y puede que el exceso nos pase factura en un futuro.
Los niños de menos de 6 meses no deben utilizar bloqueadores solares sobre su piel porque esta es excesivamente delicada, lo que significa que NO PUEDEN tomar el sol directo. Tendrán que salir de casa con sombrillas, parasoles, gorros de ala ancha, ropa holgada que cubra su cuerpo…
A partir de 6 meses habrá que aplicarles bloqueadores solares. En cualquier caso, conviene consultar a su pediatra.
La mejor protección para los niños es la ropa, sombreros, sombrillas y, también, gafas de sol a su medida.
Debemos utilizar el protector todos los días, antes del paseo al aire libre, en las zonas expuestas, también en invierno y en días nublados.
Hay que aplicar la crema 30 minutos antes de salir de casa.
Conviene evitar las horas en las que el sol es más fuerte y pasear a primera hora de la mañana y a última de la tarde.
Acudir al dermatólogo
Hay que acudir al especialista cuando se detecte algo anormal y periódicamente debemos someternos a revisiones dermatológicas en el caso de que existan antecedentes familiares o personales. También cuando se cuenta con un historial de abuso solar y, por supuesto, siempre que aparezca alguna mancha nueva en la piel, un cambio en el color, forma o aspecto de un lunar, si sangra o pica.
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