Pero socialmente no se acepta igual a una persona con una enfermedad física, un cáncer por ejemplo, que a alguien con una enfermedad mental, como una psicosis. Esto hace que, en muchas ocasiones, el afectado se sienta avergonzado e intente ocultar el problema a sus seres queridos. De este modo, no exterioriza sus sentimientos y no pide ayuda, lo cual dificulta enormemente su recuperación.
¿Qué es la salud mental?
Salud mental es lo que define cómo reaccionamos ante las diversas situaciones que se nos plantean a lo largo de nuestra vida: cómo nos enfrentamos al estrés, a una pérdida, a tomar decisiones o, simplemente, cómo pensamos, nos relacionamos con los demás o nos desenvolvemos en nuestro día a día.
Es normal experimentar sentimientos de frustración, tristeza o miedo, pero las personas que tienen una buena salud mental podrán hacer frente a estos sentimientos y superarlos con más facilidad. En cambio, las personas enfermas vivirán estas situaciones de una forma más dañina y podrán verse excesivamente afectadas y sentirse desbordadas, llegando incluso a ver mermadas sus relaciones interpersonales o destruida su vida laboral.
¿Cómo tener una buena salud mental?
Lo más importante es comprender el origen y razón de nuestras emociones, y actuar consecuentemente. Es importante exteriorizar los sentimientos dañinos y hablar de ellos con las personas de confianza. La familia y los amigos pueden ser un gran apoyo en las situaciones difíciles, pero no hay que olvidar que no son médicos ni terapeutas y que, en ocasiones, será más útil ver a un especialista, quien podrá proporcionar la ayuda apropiada sin tener ninguna implicación emocional.
¿Los problemas psíquicos crean trastornos físicos?
Es innegable la conexión entre el cuerpo y la mente. Por ejemplo, el estrés prolongado provoca cansancio, tensión, irritabilidad…, lo cual aumenta el riesgo de contraer enfermedades. Un ejemplo muy común es el dolor cervical. La causa puede ser una mala postura o un movimiento brusco, pero con frecuencia se debe al estrés. Por esto, aunque normalmente no acostumbremos a contarle al médico de cabecera nuestros problemas personales, es importante que conozca si la situación que vivimos puede estar ocasionando ciertos síntomas físicos. De este modo su diagnóstico podrá tener mayor exactitud, aplicar un tratamiento más adecuado o remitirnos a un especialista.
¿Qué síntomas físicos pueden indicar un problema mental?
Algunos trastornos pueden ser un indicio de que existe un problema psíquico. Obviamente, no tiene por qué ser así, pero estemos alerta cuando experimentemos alguno de los siguientes síntomas sin una causa física que los justifique:
Dolor en el pecho
Estreñimiento o diarrea
Cansancio excesivo
Dolores de cabeza
Mareos
Tensión alta
Problemas sexuales
Sudoración excesiva
Sequedad en la boca
Malestar estomacal
Aumento o descenso de peso
Sensación de falta de aire
Tensión en el cuello
Insomnio
Palpitaciones
Dolor de espalda
Malestares y dolores generalizados
Cambio de apetito
¿A quién recurrir ante un problema?
A nuestro médico de cabecera, quien valorará la situcación y nos derivará al especialista que crea oportuno. En la sanidad pública suele haber largas listas de espera para atención mental; el tiempo que tardan en dar cita varía dependiendo de la gravedad del caso y de cada comunidad autónoma. Las compañías privadas ofrecen la posibilidad de acudir al especialista rápidamente. La mayoría de las pólizas médicas incluyen terapias y ayuda psicológica.
¿Cuál es la diferencia entre un psicólogo y un psiquiatra?
Los dos desempeñan funciones similares en salud mental, salvo prescribir fármacos, que sólo puede hacerlo un psiquiatra porque es médico. En muchos casos el trabajo de ambos es complementario: el psiquiatra diagnostica y receta una medicación y el psicólogo, junto con ese diagnóstico, trabaja con el paciente para superar las dificultades del día a día.
¿Qué es una terapia?
Una interacción entre el paciente y el terapeuta con el fin de evaluar la situación psicológica, física y relacional del afectado. Tras un diagnóstico inicial, se instruye al paciente para que pueda enfrentarse a sus problemas cotidianos.
¿Cuánto dura?
Dependiendo de la gravedad del caso, puede variar entre seis meses y dos años
LOS TRASTORNOS MÁS COMUNES
DEPRESIÓN
Es una enfermedad grave. No tiene que ver con sentirse triste unos días; se trata de una sensación persistente que interfiere directamente, a veces de forma devastadora, en nuestra vida cotidiana. Es más común en las mujeres que en los hombres, suele aparecer entre los 15 y los 30 años y puede ser hereditaria.
Síntomas
Aunque no se manifiestan siempre de la misma manera, incluyen:
Apatía, tristeza generalizada
Pérdida del interés por actividades que antes eran gratificantes
Desinterés sexual
Sensación de culpa y pesimismo
Pérdida o aumento del apetito y del peso
Dificultad para tomar decisiones o concentrarse
Excesivas ganas de dormir o insomnio
Pensamientos recurrentes de suicidio y muerte
Molestias físicas recurrentes que no responden al tratamiento médico, como dolores de cabeza o trastornos digestivos
Tratamiento Medicamentos o terapia, dependiendo del grado, pueden ir separados o juntos, aunque parece que la mejor fórmula es la combinación de ambos.
ANSIEDAD
Miedo, nerviosismo… A lo largo de la vida, todo el mundo sufre ansiedad en alguna ocasión. De hecho no sólo es normal, sino que cuando se encuentra dentro de los parámetros normales, es positiva. El miedo por ejemplo, nos protege del peligro; cierto nivel de ansiedad nos mantiene alerta. Pero la ansiedad se transforma en enfermedad cuando vuelve a la persona que la padece esclava de sus propios temores. El enfermo puede llegar a desarrollar miedos tan terribles que limiten su libertad y le impidan realizar tareas simples, como, por ejemplo, salir a la calle, conducir, hablar con otras personas, etc.
Síntomas
Tratamiento Terapia, medicinas o la combinación de ambas.
FOBIAS
Son miedos irracionales hacia algo que, generalmente, no representa un peligro real para la vida. Hay muchísimos tipos de fobias: claustrofobia (miedo a los espacios cerrados), aracnofobia (miedo a las arañas), hidrofobia (miedo al agua), acrofobia (miedo a las alturas)...
Síntomas
Todas se consideran un tipo de trastorno de ansiedad y se manifiestan de manera similar: cuando la persona se encuentra expuesta al desencadenante de su fobia, tiene temblores, taquicardia, ganas de huir, pánico, falta de aire, etc.
Tratamiento Dependiendo del grado de intensidad y del tipo de miedo, la libertad del paciente se verá más o menos perjudicada, así como sus relaciones personales, el desarrollo de su trabajo o la realización de sus tareas cotidianas. Pero si una fobia controla su vida, usted debe acudir a un profesional.
Combinación de terapia y fármacos. Algunos tratamientos se basan en la exposición gradual del paciente al objeto de su fobia.
TRASTORNOS ALIMENTARIOS
Son propios de los países desarrollados, se presentan generalmente acompañado de depresión, ansiedad o del abuso de estupefacientes.
El enfermo tiene una relación insana con la comida y con su propio cuerpo. Afecta a un mayor número de mujeres y se desarrolla entre la adolescencia y el comienzo de la etapa adulta.
Síntomas
Comer compulsivamente, sin control
Bulimia nerviosa: el enfermo alterna periodos donde come en exceso con periodos en los que se purga con vómitos o laxantes. Tiene una visión distorsionada de su propio cuerpo y siente una gran culpabilidad después de los atracones de comida.
Anorexia nerviosa: la persona no come o bien vomita todo lo que ingiere.
Tratamiento Terapia, información nutricional con un médico endocrino, supervisión constante en las comidas y en, algunos casos, fármacos. Si estas enfermedades no se tratan a tiempo pueden derivar en graves problemas cardiacos, renales e incluso la muerte .
ABUSO DE DROGAS
Es un mal común que afecta a muchas familias en todo el mundo. Las personas que lo padecen ponen en peligro su vida y hacen desgraciada a su familia. Ser drogodependiente trae implícitos otros muchos problemas físicos, psicológicos y sociales, como la delincuencia, pérdida del empleo, violencia, rápido deterioro del organismo, etc.
Por esto, y porque el tratamiento es complejo y lento, lo mejor es evitar la drogodependencia mediante una educación preventiva.
CONSEJOS PARA UNA BUENA SALUD MENTAL
Cuidar las relaciones. Cultivar los afectos, procurar tener buenas relaciones familiares, con los amigos y la pareja. No estar solo. Intentar relacionarse y compartir los sentimientos.
Hacer ejercicio. Cuando nos sentimos bien en nuestro cuerpo, nuestra mente funciona mejor. Practicar deporte, en la medida de nuestras posibilidades, libera endorfinas, unas sustancias que segrega nuestro organismo y que nos permiten rebajan el estrés y sentirnos más felices.
Llevar una dieta sana.La falta de vitaminas o de minerales también pueden contribuir al desequilibrio mental. Si comemos cosas variadas y tomamos fruta y verdura en abundancia, reduciremos también el riesgo de contraer enfermedades físicas.
No obsesionarse con los problemas. Evidentemente, hay conflictos que no es fácil apartar pero, en la medida de lo posible, conviene tratar de no darles demasiadas vueltas. Pasar los días obsesionándose con algo que nos causa estrés o ansiedad sólo contribuye a herirnos. No se trata de ignorar los problemas, pero sí de enfocarlos de una forma constructiva. Una buena práctica es hacer un listado de las cosas que nos hacen felices justo después de haber pasado un rato pensando en lo que nos hace desgraciados.
Disfrutar del ocio. Gratofocarse, aprovechar los ratos libres para hacer cosas que nos hagan olvidar los agobios cotidianos. Dedicarnos un ratito al día sólo para nosotros y obligarnos durante ese tiempo nuestro a no pensar en nada malo.
Dormir bien. Cada persona tiene sus necesidades, pero, en general, una ración de sueño suficiente está entre las siete y las nueve horas.
Llevar rutinas regulares. Una buena organización en nuestro entorno ayuda a tener también la mente organizada. Ser constantes y cumplir horarios influye en nuestro equilibrio emocional.
Tener un buen nivel de autoestima. Cuando nos valoramos favorablemente nos cuidamos y respetamos más. Una persona que no se quiere no se dedica tiempo, no se enorgullece de sus logros, no cuida de su salud y tiene pensamientos negativos sobre sí misma. En consecuencia, su salud mental será más inestable. En cambio, cuando uno está contento consigo mismo hace más cosas que le aportan felicidad, tiene mejores relaciones sociales y supera más fácilmente los problemas que puedan surgir. Trabajar para conseguir una buena salud mental incluye inevitablemente luchar por uno mismo y nos resultará más sencillo si nuestro nivel de autoestima es el adecuado.
Cultivar el sentido del humor. La mejor barrera para protegernos contra las situaciones negativas es el humor, procuremos tenerlo siempre presente.
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