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La Unión Europea va a prohibir el compuesto químico bisfenol A en la fabricación de biberones. Será a partir de marzo de 2011. La medida, que fue tomada por el Comité Permanente de la Cadena Alimentaria y de Sanidad Animal basándose en una directiva de la Comisión Europea, ha estado precedida de meses de discusión entre el Ejecutivo comunitario, la Agencia de Seguridad Alimentaria Europea, los estados miembros y los fabricantes de biberones. Según el comisario de Salud y Consumo, John Dalli, el veto es "una buena noticia para los consumidores europeos".
¿Por qué?
Al parecer, existe cierta incertidumbre sobre los efectos del bisfenol A en el sistema inmunológico y se cree que podría influir en el desarrollo de tumores. Estudios recientes apuntan a que el BPA puede resultar cancerígeno y provocar alteraciones que van desde obesidad a diabetes hasta problemas de fertilidad.
El doctor Ángel Nadal, director de la Unidad de Fisiología Celular y Nutrición del Instituto de Bioingeniería de la Universidad Miguel Hernández de Elche, lleva 10 años estudiando los efectos del bisfenol-A.
Según afirma, la exposición a niveles bajos de este componente en ratas y ratones, puede alterar las hormonas del desarrollo, estimular la pubertad precoz, afectar a la fertilidad, aumentar el número de células de grasa, causar alteraciones precancerosas en las células, incrementar el riesgo de desarrollar diabetes y hasta causar problemas de conducta.
Y los sectores más expuestos a sufrir sus efectos son los más vulnerables: bebés y niños.
Sin embargo, los fabricantes insisten en que el bisfenol A se utiliza desde hace más de 40 años y no parece que pueda ser causa de alarma. Por otra parte, los resultados en laboratorio, con ratas, no son plenamente extrapolables a los humanos.
Los biberones
El bisfenol A (o BPA, por sus siglas en inglés) es un producto químico que se utiliza para la fabricación de muchísimos plásticos y latas de conserva, vajillas, accesorios de pequeños electrodomésticos, dispensadores de agua, las tapas de los potitos... También los biberones suelen contener este elemento en el policarbonato con que la mayoría están fabricados.
En el caso de los biberones, el peligro añadido está en que, cuando se calientan, el bisfenol-A desprende partículas que pasan al alimento, con lo cual penetran en el sistema digestivo. Si el biberón se usa para el agua, zumos u otros líquidos fríos, no habría problema, pero sí cada vez que se esterilizara, por ejemplo, pues al calentarlos, bien al baño María o al microondas, o al echar en su interior un líquido caliente, el bisfenol A se libera 55 veces más rápido de lo normal.
La solución
El hecho de que la Unión Europea lo prohíba da que pensar e indica, al menos, que se da cierto crédito a las investigaciones que avisan de su posible toxicidad. Mientras llega el día de la prohibición, lo aconsejable es buscar biberones sin bisfenol, que los hay (aunque sólo un 5% de los que se fabrican no lo llevan) o bien recurrir a los de cristal de toda la vida, el material más inocuo, aunque pueda resultar peligroso en caso de rotura.
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