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Entre los niños españoles de 6 a 12 años la obesidad ronda el 16%. Hay más en Canarias y Andalucía, y se da menos en Levante. Los bebés españoles entre 0 y 3 años son los que tienen uno de los índices de exceso de peso más elevados de toda Europa.
La obesidad y el sobrepeso tienen consecuencias nefastas a cualquier edad, como enfermedades cardiovasculares o diabetes, pero en la infancia se suma el que el exceso de peso puede provocar malformaciones óseas durante el período de crecimiento. Eso sin contar los graves daños psicológicos que provoca, de autoestima, depresión, trastornos alimentarios…
Cambio de costumbres
La mejor manera de prevenir el exceso de peso o de combatirlo es adquirir el hábito de llevar una dieta equilibrada, dormir bien y practicar ejercicio físico regularmente. No sirven las dietas drásticas durante una temporada, sino el cambiar nuestras costumbres. En los niños hay que inculcarles una manera saludable de vida, esto es, hay que educarlos en hábitos de salud desde pequeños.
Un programa previene la obesidad en bebés
La Fundación Thao, una organización no lucrativa que se dedica a promover estilos de vida saludables y prevenir problemas de salud, ha desarrollado el programa Thao Salud Infantil en España, que se aplicará en instituciones públicas, sociedades, fundaciones y, especialmente, en ayuntamientos. La finalidad es aportar guías, materiales y soportes a los municipios para inculcar hábitos saludables desde la infancia.
La Fundación Thao quiere tansmitir a los padres y educadores la importancia de adquirir hábitos de alimentación saludables ya en los bebés de entre 0 y 3 años.
Según el psicólogo de la fundación, Rafael Casas, "la obesidad es un problema real en nuestra sociedad que podría verse reflejado en la reducción de la esperanza de vida de los ciudadanos del sur de Europa".
Los primeros tres años son decisivos
Es en los tres primeros años de vida cuando se adquieren los hábitos básicos de alimentación y los niños comienzan a definir sus gustos alimentarios, por eso hay que intervenir pronto.
La fundación ya ha probado la eficacia de su método educativo y de temprana intervención con materiales para padres y profesores en Francia, donde impulsó un proyecto similar hace cinco años.
Un estudio de Sevilla patrocinado por DKV
Según el «Estudio antropométrico y de hábitos de alimentación y actividad física en escolares de 6 a 12 años en Sevilla», realizado por el ayuntamiento de esta capital, la obesidad en los niños aumenta cada año; en concreto, de 2009 a 2010, ha crecido en casi cinco puntos.
El estudio ha sido patrocinado por DKV seguros y revela que de 45.000 niños comprendidos en las edades citadas, el 25% son obesos o tienen sobrepeso.
La delegada de Salud y Consumo del ayuntamiento de Sevilla ha dicho que los datos, obviamente, «no son buenos, porque luego esta obesidad tiende a consolidarse tanto en los adolescentes como en los adultos».
En las niñas es peor
El sobrepeso en las niñas es de 4,5 puntos más que en los niños. Y es en las zonas marginales donde existen mayor número de pequeños con sobrepeso. Además, los resultados han revelado que los sevillanos son los niños más obesos de toda Europa, por lo que se ha puesto en marcha el programa «Aprender a comer».
Ejercicio físico y comida
En cuanto a la actividad física, el 96,5% dice practicar algún tipo de ejercicio los sábados o los domingos, pero esto se combina con actividades sedentarias, ya que el 83% declara ver la televisión de una a tres horas y el 53% jugar a la consola.
Consejos para prevenir el sobrepeso
Cuando hay un exceso de entre 8 y 15 kilos, hay sobrepeso; si es más, estamos ante un problema de obesidad.
Para evitar llegar a esto, tenemos que prevenir:
- El desarrollo físico del niño es objetivable y medible. Puede que nos parezca muy flaquito o ligeramente "carnoso", pero la pauta exacta nos la dará su pediatra. Hagámosle caso.
- Insistamos a nuestros hijos, sin agobiarlos, para que prueben nuevos alimentos, con paciencia, presentaciones atractivas, acompañamientos sugerentes, variedad en la cocina… Tratemos cada día de que amplíen su dieta. Hacia el año o año y medio ya pueden comer de todo.
- No les atosiguemos para que acaben su comida. Los niños sanos saben mejor que nadie lo que necesitan, pero tampoco consintamos que coman entre horas o solo lo que les guste.
- No los sobrealimentemos con raciones exageradas ni calorías de más: no hay que añadir mantequilla, miel, yemas… a sus yogures o purés.
- Evitemos que la comida sea un premio o un castigo; es una necesidad con la que no conviene negociar.
- Acompañemos las comidas de casa siempre con agua y dejemos los refrescos para las salidas o los días muy especiales.
- A partir de los tres años, basta con hacer cinco comidas diarias. Y eso rige también para los adultos: mejor cinco comidas ligeras que dos copiosas.
- No hay por qué prohibir alimentos, pero sí evitarlos en la mesa de cada día, como bollos, aperitivos de bolsa, etc. Igualmente, comer en un burguer está muy bien, pero solo como excepción.
- Cocinemos sano: mejor asados o cocidos que fritos, pocas carnes rojas, poca sal, pocas grasas, pocos azúcares…
- Atención al desayuno. No lo pasemos por alto e incluyamos frutas, cereales y lácteos.
- Elijamos alimentos frescos y, preferiblemente, pan, arroz, galletas y pasta integrales.
- Acostumbremos a los niños a ayudarnos en la cocina, en la compra, al elegir el menú, poner y quitar la mesa, etc. como parte de una educación alimentaria saludable. Un niño que participa en la elaboración de nuevos platos come mejor y está dispuesto a ampliar su dieta.
- Prefiramos los bocadillos de toda la vida a los bollos y sándwiches.
- Dejemos que los niños pequeños coman con las manos, que se sirvan y experimenten con la comida.
- Animemos a nuestros hijos a practicar ejercicio físico, a jugar en la calle, proporcionarles patines, pelotas… Sin olvidar que es necesario jugar con ellos y pasar tiempo juntos practicando actividades en familia, como ir de excursión, salir en bicicleta, etc.
- Si hay dos actividades extraescolares, una debe ser un deporte; y si solo hay una, que sea deporte.
- Los padres debemos predicar con el ejemplo, en nuestra forma de alimentarnos y en el grado de actividad cotidiana.
- Levantemos a los niños a la hora necesaria para que les dé tiempo a desayunar bien.
- Caminemos cada día, vayamos al cole andando, aparquemos lejos...
- Si no quieren comer algo no insistamos, pero tampoco cambiemos la comida por otra.
- Si comemos en un restaurante, nos cobrarán lo mismo si queda comida en el plato que si no, o pidamos que nos pongan el resto para llevar.
- Respetemos unos horarios de comidas y sueño.
- Elaboremos listas de la compra saludables y no echemos al carro lo que se les antoje. Leamos con los niños los ingredientes de lo que vamos a comprar y rechacemos los productos que contengan más grasa.
- Cocinemos cosas simples y huyamos de la comida preparada.
- Reduzcamos progresivamente la cantidad de azúcar.
- Cualquier actividad, por leve que sea, es mejor que tirarse en el sofá.
- Subamos las escaleras en lugar de utilizar el ascensor.
- Hagamos actividades en la casa todos juntos: bricolaje, pasar la aspiradora, cuidar las plantas...
- Propongamos diversiones movidas: ping-pong, patinaje, senderismo… Si vamos a la playa, compremos unas palas, un frisbee...
- Limitemos el tiempo ante la tele, el ordenador, la consola.
- Tener un perro divierte a toda la familia y la obliga a sacarle a pasear y correr.
- Compremos un podómetro para saber cuánto andamos; a los niños les gustará controlarlo.
¿Y si ya pesamos de más?
Conviene acudir al médico, al pediatra, consultar con nuestra compañía de seguros médicos y pedir ayuda. Obviamente, engordamos porque ingerimos más calorías de las que consumimos, así que se trata de reducir la ingesta y movernos más, así de simple y de difícil. Pero que sea difícil no significa imposible. Por lo tanto, intentemos, poco a poco, cambiar nuestros hábitos y tener en cuenta que:
- Hay que cambiar poco a poco. Ser otra persona es imposible de la noche a la mañana. Empecemos por suprimir algunas cosas: las bebidas azucaradas, los postres...
- Pongamos en práctica todos los puntos del apartado anterior.
- Incrementemos los alimentos saludables: verduras, frutas... y reduzcamos las grasas.
- Presentemos raciones más pequeñas.
- Si nuestro hijo tiene sobrepeso, no le riñamos ni le digamos que está horrible. Limitémonos a seguir unas pautas saludables y a elogiar cada pequeño avance.
- Informemos a los niños sobre la alimentación sana sin entrar en valoraciones sobre la apariencia física.
- Comamos en familia y en casa, haciendo de ese momento un rato distendido y placentero, dándoles ejemplo en cuanto a alimentos, raciones, etc.
- Seamos perseverantes. Si un día nos saltamos las normas, no pasa nada, mañana las retomaremos.
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