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La denominada "factura sombra" va a implantarse en la sanidad pública con la finalidad de concienciar a la gente del gasto médico que realizan cada vez que acuden a un centro de salud. La idea es que esta factura informativa permita conocer a los ciudadanos en qué se gasta el presupuesto de los servicios que ellos financian mediante el pago de impuestos. La factura informativa sería así un ejercicio de transparencia por parte de la Administración y una llamada a la corresponsabilidad en el uso de la sanidad pública.
En Andalucía
La sanidad pública andaluza gasta 1.900 millones de euros al año en Málaga, lo que supone una media de más de 1.260 euros por persona. Por el momento, los pacientes que recibirán factura sombra serán los del hospital Costa del Sol de Marbella, Málaga, y solo los que hayan sido sometidos a intervenciones ambulatorias de hernias, vesícula y cataratas y a pruebas diagnósticas cardiológicas y relacionadas con el aparato digestivo. Posteriormente, se extenderá a los 45 centros hospitalarios dependientes de la Junta a lo largo del año que viene.
También en los centros de salud
A los aproximadamente 1.500 centros de salud que configuran el primer nivel asistencial también llegará, en una fase posterior, la factura sombra personalizada y se centrará en los consumos anuales de farmacia, consultas, vacunas y Urgencias.
Y también recibirán la factura los que no acudan a su cita. Esto es, quienes no se presenten a la intervención quirúrgica o a la cita que tenían con el especialista serán informados del coste que supone esa oferta asistencial anulada.
Pero la medida ya empieza a estudiarse en casi todas las comunidades autónomas.
La factura sanitaria crece y crece
El progresivo envejecimiento de la población y el aumento de padecimientos crónicos incrementan las necesidades de recibir asistencia. A ello se une al avance de las nuevas tecnologías y de tratamientos novedosos muy eficaces, pero con un coste muy alto. Aparte, hay que contar con el gasto farmacéutico.
Pero además, la factura tiene otros muchos conceptos, como el dinero destinado a pagar las nóminas de los profesionales, las inversiones en tecnología, las obras de mejora en los centros, las pruebas diagnósticas, las intervenciones quirúrgicas, las estancias hospitalarias, los tratamientos farmacológicos, la investigación, los conciertos con clínicas privadas, el transporte sanitario, etc., etc.
Nada es gratis
La asistencia sanitaria publica no es gratuita ni muchos menos. Incluso tal vez sea más cara que la privada cuando no está bien gestionada. El usuario no paga de forma directa, pero sí indirecta a través de los impuestos. La mayoría de la gente no podría pagar la factura de operaciones complejas, largas estancias en la unidad de cuidados intensivos o tratamientos de enfermedades crónicas. Por eso, dada la gran demanda y la escasez de recursos, los responsables de la Sanidad Pública quieren hacer ver a sus usuarios que tienen que hacer un uso racional de los hospitales y centros de asistencia.
Para ello nace la 'factura sombra', que consiste en entregarle a cada paciente una nota con el precio que ha supuesto su atención.
Altísimos costes
El precio medio diario de un paciente ingresado en un gran hospital público es de 600 euros. En cambio, en una clínica privada el dinero que se abona no suele pasar de los 200 euros de media; de ahí que muchos centros públicos prefieran firmar conciertos con clínicas privadas para reducir sus listas de espera.
La unidad de cuidados intensivos (UCI) de un hospital tiene un coste por paciente es unos 2.000 euros y, en casos muy graves, puede llegar a los 3.000 euros. El coste de la estancia en una UCI de un centro privado es más barato: entre los 400 y los 500 euros. Una intervención de neurocirugía puede superar los 20.000 euros. Un trasplante de riñón ronda los 28.000 euros, uno de hígado llega a los 56.000 euros. El precio anual por enfermo que debe someterse a hemodiálisis es de 40.000 euros.
La diferencia de precios en la pública y en la privada se debe fundamentalmente a que los hospitales públicos disponen de muchos más profesionales de todas las categorías (médicos especialistas, enfermeros, auxiliares, etc.), y eso dispara los costes.
Ya se hizo hace 20 años
El presidente del Colegio de Médicos de Sevilla, Carlos González-Vilardell, afirmó recientemente que las 'facturas sombra' ya se utilizaron hace unos 15 ó 20 años en la sanidad pública andaluza a modo de experiencia piloto, pero que no tuvieron ningún efecto. Según afirmó "como boletín meramente informativo está bien, si bien creemos que como fórmula para contener el gasto sanitario es poco efectivo". Y aclaró: "No es que estemos en contra de esta medida, sino que dudamos de que tenga una efectividad real, como por ejemplo la pueda tener un real decreto sobre contención del gasto farmacéutico". González-Vilardell aboga por "establecer más conciertos con la medicina concertada que ofrecen compañías como Asisa, Muface o tantas otras".
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