Pero algunas compañías aseguradoras privadas pueden aumentar las prestaciones y facilitar mucho la vida de sus asociados precisamente en esas situaciones de especial vulnerabilidad. Un contratiempo durante las vacaciones puede convertirse en una verdadera pesadilla en determinados países extranjeros, por eso hay que ser precavidos y tomar medidas antes de salir de casa.
Precauciones antes del viaje
Comprobar la cobertura de nuestra compañía aseguradora en el lugar de destino, especialmente si se trata de un viaje al extranjero.
Llevar la tarjeta del seguro de salud.
Informar a nuestro médico y pedir su consejo.
Revisar la cartilla de vacunas y solicitar al médico las que sean necesarias al menos seis semanas antes de iniciar el viaje.
Si viajamos a un país con riesgo de malaria, pedir al médico una terapia preventiva, que, normalmente, habrá que tomar antes, durante y después del viaje.
Preparar un botiquín de primeros auxilios para pequeñas emergencias.
Si se es alérgico o existe algún problema de salud, encargar una chapa para el cuello con las indicaciones necesarias.
Recopilar información sobre las precauciones de seguridad, situación sanitaria, alimentación, plagas, bebidas… del lugar de destino. Existen buenas guías, embajadas y consulados, páginas web de gran utilidad...
Si la póliza de seguro no cubre todo lo necesario, contratar un seguro adicional de viaje: no es caro y nos permitirá viajar tranquilos.
Precauciones durante el viaje
En países con elevado riesgo no baje la guardia ni un momento
Procure no improvisar, aténgase al itinerario y las actividades planificadas.
Tome alimentos muy cocinados y preferiblemente calientes.
No consuma nada en los puestos callejeros, aunque parezcan productos sanos y apetecibles.
No tome lácteos sin pasteurizar y evite los helados.
No coma marisco ni pescado crudo.
Si se trata de un lugar donde las frutas son fiables, pélelas usted mismo.
Consuma sólo bebidas embotelladas comercialmente, ábralas usted mismo y asegúrese de que estén bien precintadas.
Evite los cubitos de hielo.
No se cepille los dientes con agua del grifo; hágalo con agua de botella.
Evite nadar en lagos y ríos.
Utilice a menudo los repelentes para insectos y mosquitos.
Lleve ropa adecuada a las temperaturas, pero que tape su cuerpo y le proteja del sol, picaduras de insectos, heridas…
En algunos países es muy conveniente usar un mosquitero para dormir.
Precauciones después del viaje Ante cualquier síntoma anómalo (fiebre, malestar, erupciones cutáneas, problemas respiratorios…) acuda a su médico cuanto antes e infórmele de dónde ha estado.
El enfermo crónico
Tener una enfermedad crónica no es sinónimo de no poder disfrutar del viaje. El paciente debe visitar al médico de su aseguradora con tiempo suficiente y pedirle información sobre los riesgos posibles, las vacunas, medicación, cuidados, qué hacer en caso de emergencia, etc. Conviene que anote cuidadosamente todos sus consejos.
En caso de necesitar medicación durante el traslado (diabéticos, por ejemplo) es importante que el especialista ajuste la pauta del tratamiento.
También orientará sobre las diferencias horarias y la mejor manera de acomodar la medicación.
Las personas diabéticas deberían llevar algún alimento para el viaje y consultar qué hacer en caso de mareo, heridas, hiper o hipoglucemia y pérdida de la medicación.
Llevar la medicación dentro de su envase original en buen estado.
En lugares muy calurosos, puede ser necesario contar con una neverita portátil que mantenga en buen estado los medicamentos.
En algunos países, ciertos fármacos se consideran ilegales; compruebe los suyos antes de partir (las embajadas pueden informar).
Por si hiciera falta reponer la medicación en el extranjero, pedir una receta con el nombre genérico del fármaco.
El viaje en avión
Aunque el médico es quien debe valorar la situación de cada paciente. Puede estar contraindicado viajar en avión en las siguientes situaciones:
Insuficiencia cardiaca.
Infarto, apoplejía o angina de pecho recientes.
Alteraciones del ritmo cardiaco.
Hipertensión arterial no controlada.
Anemia grave.
Trastornos respiratorios y enfermedades pulmonares.
Desórdenes mentales agudos.
Epilepsia.
Enfermedades graves o contagiosas.
Embarazadas de siete meses o más.
Es aconsejable que las personas con algún problema de salud viajen acompañadas, y mejor si se trata de alguien familiarizado con su enfermedad.
En general, durante el viaje en avión conviene:
Beber líquidos abundantemente (sin alcohol, claro).
Levantarse al menos cada hora, dar unos pasos, ir al lavabo…
En el asiento, elevar las piernas y mover los pies a menudo.
Si es necesario, utilizar medias de compresión.
Viajar con niños
Las precauciones indicadas para los adultos son válidas para los niños, pero debido a la inmadurez de su sistema inmunitario, hay que extremar las medidas de higiene.
Antes de partir, es importante comentar el viaje con su pediatra. Él nos dirá si nuestro hijo necesita alguna vacuna específica y qué hacer si durante las vacaciones le corresponde ponerse una de las establecidas en el calendario vacunal.
Los niños no deben consumir ningún alimento sin cocinar. Hay que evitar darles frutas, ensaladas… Por regla general, es mejor suprimir los vegetales en los países con riesgo de diarrea del viajero, ya que los pequeños son especialmente propensos a las infecciones gastrointestinales.
Mucho cuidado con el agua, sobre todo si se trata de preparar biberones con leche en polvo. Tenemos que vigilar que siempre sea de botella, debidamente precintada, con la fecha de caducidad visible, comprada en establecimientos fiables y con una mineralización recomendada por el pediatra.
No permita que su hijo tenga contacto con animales desconocidos.
Evite las picaduras de insectos. Pida consejo a su pediatra sobre los repelentes adecuados, ya que algunos pueden causar problemas a los niños, y llévese un mosquitero.
Compre gafas de sol adaptadas a la edad de su hijo.
No olvide los sombreros o gorros.
Ponga mucho esmero en elegir ropas y calzado cómodos y acordes con las temperaturas de cada momento.
Lleve un protector solar especial para niños. Téngalo siempre a mano y renueve su aplicación a menudo mientras estén expuestos al sol.
Cuando viaje con un bebé alimentado artificialmente, lleve más leche de la que pueda necesitar para hacer frente a retrasos y contratiempos.
Si cree que va a ser preciso, cargue con la sillita o elevador de seguridad para el coche, ya que será difícil que exista uno adecuado y homologado para el peso y la estatura de su hijo.
Prepare una mochilita o una maletita de ruedas con los juegos y juguetes favoritos de su hijo. No olvide su manta, trapito o almohada de consuelo porque, estando fuera de casa, la va a necesitar más.
Tenga a mano chupetes de repuesto si su hijo los usa.
Encargue una chapa con los datos, teléfono, dirección… y pídale a su hijo que la lleve siempre encima.
Cuando visite lugares con aglomeraciones de gente, fije de antemano un lugar de encuentro en caso de pérdida y repita a sus hijos qué deben hacer si accidentalmente se separan de usted.
Cuando el niño padece mareos, hay que comentárselo a su pediatra. Si lo cree conveniente, podrá recetar algo. Usted también puede aliviar tan desagradable situación:
Intente que coma antes del viaje, pero algo ligero y en poca cantidad.
Prepare algún tentempié (unas galletas, chucherías o alimentos de su gusto) para picar durante el trayecto.
Siéntele en el lugar del vehículo que se mueva menos. En un avión, es mejor pedir la zona de las alas; en trenes y autobuses, solicite la parte delantera; en barcos, llévele a la cubierta; en el coche, según la ley, puede viajar en el asiento del copiloto siempre que utilice los dispositivos de seguridad adecuados a su peso y altura.
Aunque esté mareado, nunca le permita desatar su cinturón o abandonar la sillita, elevador o dispositivo de seguridad.
Procure que duerma, creando las condiciones propicias de temperatura, cariño, comodidad...
En el avión, sepa que el oído infantil sufre mucho más que el del adulto con los cambios de presión. Para aliviar el intenso dolor que el bloqueo de los canales auditivos suele provocarles, pida a su hijo que trague saliva o bostece, anímele a que beba un zumo o mastique chicle. Si se trata de un bebé, dele el chupete o un biberón; es conveniente que esté despierto en el despegue y el aterrizaje.
Webs de interés
www.viajartranquilo.com
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